Silencio: Sigur Ros ( )

A veces el mundo es demasiado. A veces, uno necesita detenerse por un segundo, respirar profundo 3 o 4 veces, dejar de pensar en todas las cosas que suceden  y en la vida de uno y que abruman y no dan tiempo de un descanso. A veces uno ni siquiera es consciente de que necesita una pausa, y entonces aparece Sigur Rós.

Islandia es un país pequeño y, por muchas razones, misterioso. Una isla perdida entre Europa y Groenlandia. Parajes fríos, playas rocosas, fiordos, montañas y glaciares. En todo el país viven aproximadamente 330 mil habitantes, lo cual es apenas comprensible para alguien que convive todos los días con más de 20 millones de chilangos y mexiquenses. Un pueblo que entre su gastronomía cuenta con un platillo conocido como “Tiburón podrido” y los escrotos de carnero marinado.  Es un país tranquilo, con alto grado de bienestar, servicios gratuitos de salud y educación y un alto desarrollo tecnológico. Todas estas características hacen que la gente que vive ahí sea, por decir lo menos, peculiar. Estoy seguro de que, si yo viviera ahí con tan poquita gente, todo resuelto y además días en los que el sol no sale, ya me habría suicidado.

Sin embargo, parece que los islandeses sobre llevan bien las cosas. Previsiblemente, la música que ha salido de ahí es rara y dentro de su rareza le han dado dos muy grandes aportaciones al pop del mundo: Björk y Sigur Ros.

A Sigur Ros lo fuimos conociendo de a poquito. Era imposible que una banda islandesa de ambient – post rock  con toques minimalistas irrumpiera de golpe en los oídos del mundo. Yo llegué a ellos de una manera muy extraña. La primera vez que los escuché fue por un disco que me prestaron en la oficina donde trabajaba hace casi 6 años, el soundtrack de Vanilla Sky, el espantoso remake que Cameron Crowe hizo a Abre los Ojos del español Alejandro Amenabar. Debo admitir que el soundtrack era muy bueno, y que me permitió conocer cosas que no había escuchado hasta ese momento, como el propio Sigur Ros o los Red House Painters, luego comencé a seguirlos más y justo en ese momento comenzaban a convertirse en un éxito internacional.

() es su segundo disco. La crítica lo recibió muy bien aunque muchos se quejaron amargamente de que su sonido era el mismo que el de su primer disco Ágætis Byrjun. Puede ser, pero a mí este segundo disco es el que más me gusta de la banda, siento un sonido más maduro y es, también, mucho más clavado.

Describir la música de Sigur Ros es difícil. Si estuviéramos hablando de lenguaje cinematográfico, deberíamos pensar en planos-secuencia eternos (un plano secuencia es esencialmente, una secuencia filmada en una sola toma, sin cortes y sin ediciones), con movimientos de cámara muy lentos sobre una gran planicie empedrada y muy verde, ocasionalmente invadidas por haces de luz azul o morada, que poco a poco va dando paso a un mar calmo. Musicalmente son canciones pausadas, pianos, órganos y chelos que tocan notas largas que muchas veces descansan sobre sonido de estática o de ruido blanco. Y Jonsi cantando con voz de falsete que podría ser la voz de un duende.

Las canciones, como el disco, no tienen nombre y van de Untitled 1 a Untitled 8 (aunque después el grupo publicaría en su página de internet nombres alternativos para cada canción. Las primeras tres canciones lo sumen a uno en una especie de melancolía feliz, son tonos más bien alegres que están mucho más cerca del post rock clásico (estilo Mogwai o Explotions in the Sky). Y poco a poco, conforme avanza el disco, los tonos se van oscureciendo, como si uno fuera entrando a un bosque en un paraje desolado, donde la vegetación comienza a hacerse de repente más tupida, los árboles más altos, la bruma más espesa hasta que de repente no hay luz y sólo es este sentimiento de encontrarse indefenso frente a una naturaleza salvaje e interminable, en la que, sin embargo, uno sabe que está seguro.

La música obliga a esa pausa casi cercana a la meditación. Se trata de acostarse y cerrar los ojos y dejarse ir sin pensar en nada, sin asirse a las preocupaciones diarias, sólo escuchar la música y esperar a ver a dónde te lleva. He pasado muchas madrugadas escuchándolo, cuando la ciudad por fin descansa y el silencio, cada vez más difícil de encontrar, da oportunidad abstraerse de la vida de uno.

Sin embargo, tengo un recuerdo muy particular con Untitled 1 y 2. Durante muchos años, fui asiduo asistente al Festival de Coachella, en Indio California. Ya saben, chorros de bandas, 5 escenarios, cerveza, californianas en ropas mínimas… una fiestota, pues. Cuando vamos al festival solemos rentar una casa en Palm Springs, que está a aproximadamente 20 minutos del Festival en situación normal pero que con el tráfico representa un regreso de casi una hora. La pelea por poner música era encarnizada y recuerdo una noche en que la gané, después de un día especialmente intenso, y regresamos escuchando a Sigur Ros. La música, las luces de la carretera, los cigarros, y todos los ocupantes del coche sumidos en el silencio, sólo escuchando.

Los dejo con Untitled 1 y 5, esta última quizá la canción más famosa del disco.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Silencio: Sigur Ros ( )

  1. A. dijo:

    Grandísimo blog! No sabes cuanto me alegro de haberlo encontrado, me has hecho la tarde, yo que precisamente amo leer o escuchar sobre los discos favoritos de otros y como es qué se sumergieron en su sonido me he topado con grandes sorpresas y con grandes discos en lo que va de tu lista! Hasta pronto, y sigue con la lista que va quedando muy buena.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s