Todas las fiestas de mañana: Velvet Underground “Velvet Underground & Nico”

¿Qué hubiera sido de mi vida sin The Velvet Underground? De entrada, nunca hubiera vivido ese momento en el que una de las mujeres más guapas que he visto en la vida se detuvo a platicar conmigo un día mientras caminaba vacacionando por Boston, sólo porque le gustó mi playera del platanito. Pero más allá de eso, independientemente de cuántas veces haya yo escuchado las canciones del grupo, es claro que a todos los grupos que me gustan les gusta The Velvet Underground y que de cierta forma le deben su existencia. Así de fácil. De hecho, la primera edición de su primer disco vendió bien poquito (alrededor de 10 mil discos), pero como dijo Brian Eno “casi todos los que compraron ese disco formaron una banda después”.

Vale la pena hacer un poco de historia.  The Velvet Underground viene de la genialidad de Lou Reed y John Cale, dos grandes músicos que, como corresponde a la gente de su estatura, terminaron odiándose después de trabajar un rato juntos. En 1965 se juntaron en Nueva York y formaron esta banda a la que le dieron el nombre que le dieron a partir de un libro que se llamaba como se llamaron y que trataba de las subculturas sexuales en los 60’s (esencialmente, el libro exploraba todas las formas de sexualidad afuera de la relación marido-mujer, desde el amor entre adolescentes hasta el que puede llegar a existir entre un hombre y un burro).

Como le suele pasar a muchos grupos, comenzaron a hacer música y anduvieron rolando por ahí sin que nadie los pelara. Y eso fue así hasta que conocieron a Andy Warhol, quien se asumió como su productor y se dedicó a promoverlos por donde pudo (es decir en todos lados, la frase no necesariamente tiene que ver con la anatomía de este señor). Y bajo su tutela y patrocinio, editaron su primer disco, el del platanito. Warhol tuvo dos contribuciones importantes: por un lado, ideó la portada con el plátano amarillo que decía a un lado “pelar lentamente” y, de hecho, en las primeras ediciones el plátano se podía pelar y debajo de la cáscara había un plátano color rosa (chale); su segunda contribución fue la presencia de Nico, una modelo alemana que terminó cantando tres de las canciones del disco y por el cual se llamó “The Velvet Underground & Nico”.

Musicalmente, el disco es excelso, moviéndose del pop más elegante a la intensidad de un viaje de drogas de esos acá intensos. Y aquí, creo que por primera vez desde que empecé el blog, le voy a dedicar un par de palabras a cada una de las canciones:

Sunday Morning, es una canción absolutamente feliz, que empieza con campanitas celestiales y una tonada que recuerda una caminata alegre, como de esas cuando descubres que estás enamorado y mientras caminas vas saludando a todos y repartiendo felicidad, mientras te preguntas si todo el mundo estará enamorado, feliz y con cara de idiota como tú.

Waiting for the Man, es, esencialmente una canción de rock con una de esas tonadas clásicas de la pareja Reed / Cale, y construida cuatro dos notas que se repiten como para hipnotizar al que la escucha, hasta que aparece un sobresalto con dos notas nuevas. Y la letra, es Lou Reed que nos cuenta como está esperando, con dinero en mano, a su dealer de heroína.

Femme Fatale. Esta es la primera de las canciones que cantó Nico y, quizá, la canción más famosa del grupo. Y con toda razón. Es una combinación precisa, con la música relajada como tarde de domingo, mientras Nico nos avisa que hay viene la Femme Fatale, que nos va a romper el corazón en dos pedazos y que nos va a hacer pensar que sí se puede para luego partirnos la madre.

You’re written in her book

You’re number 37, have a look

She’s going to smile to make you frown, what a clown.

Little boy, she’s from the street

Before you start, you’re already beat

She’s gonna play you for a fool, yes it’s true

 

Venus in Furs. En esta canción aparece una técnica llamada droning, en la cual Cale estaba muy clavado. El asunto es que hay un sonido de fondo que sirve como cama para la canción (así como suenan las gaitas que tienen una nota base sobre la que se construye el resto de la música), que en este caso es una viola. Y la letra, bueno, la letra habla de sadomasoquismo, de la banda esta que les gusta que los amarren y así. Pura dulzura.

Run, Run, Run es un blues hecho y derecho que en ocasiones suena al Mississippi y a veces suena como a Bob Dylan. Y sí, como es tradición en las canciones de Lou Reed, habla de gente buscando drogas en Nueva York.

All Tomorrows Parties, cantada por Nico, suena como a una fiesta ácida en el Nueva York de los sesenta. Habla, justamente, de lo que Lou Reed veía todos los días en The Factory (el estudio que Warhol tenía en Nueva York y donde se juntaban, esencialmente, artistas, drogadictos y modelos y por donde pasaron Mick Jagger, Salvador Dalí, Jim Morrison, Truman Capote, William Burroughs y un larguísimo etcétera). Era, evidentemente, la canción favorita de Warhol y es justo como para tumbarse a escucharla sin moverse ni pensar ni nada.

Heroin, empieza siendo casi la continuación de Al Tomorrows Parties hasta que de repente se ponía toda loca. Con ruidos raros, el ritmo acelerado, los tambores. Es una canción que está en todas las listas de las mejores canciones de la historia (además, hay un capítulo de esta novela de Martin Amis “The Rachel Papers” donde se escucha y que me trae muy buenos recuerdos) y, dado su título, creo que no hay que decir de qué habla.

Una anécdota: hace algunos años, los amigos solíamos ir a este antro de mala muerte llamado el Burbu Rock, allá casi enfrente del Mama Rumba de la Roma. Entre otras cosas, en el lugar tocaba el dueño del bar con su grupo. Tocaban rock viejito y blues y cerraba hasta muy tarde. El dueño y cantante se parecía mucho a Lou Reed y nosotros siempre éramos los insoportables que todo el tiempo le pedíamos a gritos que tocara Heroin. Siempre nos veía con cara de cansancio y nunca la tocó.

There she goes again, es un rockcito a todo dar. Tranquilo y sin complicaciones. Cuatro cuartos hablando de la chica que le gusta.

I’ll be Your Mirror, es, otra vez, la canción de pop perfecta que trae esta guitarra que de alguna forma recuerda a “Here comes the Sun” de los Beatles. Y es la que suena a como suenan un chorro de bandas indies (desde Belle and Sebastian hasta The Clientele). La voz de Nico (que siempre me pareció fea y demasiado masculina) suena bien, suena como seta voz de hada madrina que te va diciendo como están las cosas. Y es un verdadero deleite.

The Black Angel’s Death Song, es una canción inquietante, con esta viola que suena como a una cosa dodecafónica, onda John Cage, y Lou Reed recitando la letra por encima.

Y finalmente, European Son, que suena como a rockabilly y surf, y otra vez Lou Reed entrándole más que a cantar a recitar, en una especie de protorap que de repente es roto por sonidos de vidrio que se rompe y la guitarra que entra como en una canción country alocada.

Todo el disco, todo, es muy bueno. Y es algo que todo el mundo debería escuchar por lo menos una vez en su vida.

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