Manos Lentas: Interpol “Antics”

Seguramente es algo totalmente casual, pero el caso es que después del 9-11, la gran mayoría de las bandas trendsetters comenzaron a salir de Nueva York y lo bueno, para muchos de nosotros, es que volvieron a poner de moda el rock y los guitarrazos. Hay una primera gran generación de grupos que comenzó a marcar esta tendencia: The Strokes; The Yeah, Yeah, Yeahs, y The Rapture, por ejemplo. Interpol es parte de esta primera camada post atentados en el World Trade Center. Y durante un buen rato me gustó mucho.

Las disqueras independientes.

El primer disco de Interpol fue editado en 2002 por Matador Records. Aquí vale la pena hacer un alto en el camino. Matador es una de las principales disqueras independientes de la actualidad (es decir, que no tiene vínculos con ninguna de las grandes multinacionales como Sony, Emi, Warner, BMG o Universal), y para muchos de nosotros ha sido un referente permanente.

No sé si a ustedes les pase, pero cuando voy a comprar libros y no sé en realidad qué quiero, suelo fijarme en cosas de editoriales específicas; es decir, llego a la librería y me voy derechito al mostrador de Anagrama o de Ediciones del Acantilado que sé, dados sus criterios de selección y publicación de libros, que muy probablemente tendrán algo que me guste. Sí, hay veces que no sucede, pero con alguna regularidad me llevo sorpresas muy agradables.

En el mundo de los discos la cosa no era así, simplemente porque estas grandes casas editaban de todo y de manera indiscriminada, siempre y cuando les trajera una considerable retribución económica. Y de repente aparecieron en mi vida DFA (la disquera de James Murphy, el de LCD Soundystem) que entre otras cosas ha editado a The Rapture y Hot Chip, y Matador Records, que ha sido un gran referente y que ha tenido en su catálogo cosas del tamaño de Belle & Sebastian, Cat Power, Pavement, Modest Mouse, Spoon, Teenage Fanclub, Arcade Fire, Mogwai y The New Pornographers. En México, quizá la mayor disquera de este tipo es Noiselab que trae varias cosas del catálogo de Matador y ha editado cosas indie mexicanas como Zoé y Chikita Violenta.

La aparición de estas disqueras, ha hecho que uno esté sentado en su casa pensando en que no sabe que escuchar y decir “bueno, vamos a ver que han editado estos güeyes” y descubrir cosas buenas, regulares y malas. Y eso ha hecho del mundo un lugar mejor.

De Turn on the Bright Lights a Antics.

El caso es que en 2002, Matador editó Turn on the Bright Lights, primer disco de Interpol, y para muchos de nosotros fue terriblemente revelador. De repente, resulta que sale una banda que suena como a una actualización 2.1 de Joy Division, y lo más cabrón es que empezó a tener éxito. De repente, uno veía a un chorro de chavitas fresas cantando música que antes sólo escuchaba un grupito de outsiders que hubieran sido considerados, en el mejor de los casos, como freaks.

A mí me gustó el disco, pero el que de verdad me parece buenísimo es el Antics, editado también por Matador en 2004. Y es que uno que estuvo clavado en la onda de soy dark y “me gusta la música triste” y “tú no me entiendes porque ps no ves la vida como se ve desde la realidad” como que andábamos necesitando que alguien llegara a refrescarnos el asunto de cortarnos las venas.

Pervertido público en Madrid.

Compré el disco, justamente antes de irme a vivir a Madrid por un tiempo. Y coincidió con la adquisición de mi primer reproductor portátil de MP3. No fue un Ipod, fue una cosa más chiquita, de esos que les caben como 500 megas de música que estaba de barata en la FNAC de Callao. Este aparatito contribuyó a que mis caminatas madrileñas se extendieran por horas y horas y horas, y como era de esperarse varias canciones del Antics se soltaban con regularidad.

Y justo por eso, tengo esta imagen mía dando una vuelta por el barrio de Malasaña por la mañana, lejos del tradicional ajetreo nocturno, con este aire de tristeza que tienen los barrios de fiesta cuando los bares están cerrados y hay este sentimiento como de cruda generalizada escuchando Public Pervert. El sol pegando en los edificios de Fuencarral mientras Paul Banks canta “If time is a vessel, then learning to love, might be my way back to sea”. Y todo de repente parecía tener sentido.

 

Creo que mi canción favorita del disco es Slow Hands. Suena como a la música que le hubiera gustado a Schiller si hubiera nacido en nuestra época. La tonada está coqueta y tiene pasajes de estos que lo se le quedan a uno pegados en la memoria y no se van por un buen rato “can you see what you’ve done to my heart?”. De alguna manera extraña, la canción me animaba y lograba ponerme feliz y con ganas de fiesta.  Y además, traía estas frases memorables como “you make want to pick up a guitar, and celebrate de myriad ways that I love you”.

 

Los conciertos en México.

Y estaba Evil. Con esta canción tengo un recuerdo muy particular. Cuando regresé de mis días de Madrí, resultó que como nunca me había tocado ver en la historia, había en el DF una serie de conciertos internacionales de harta calidad (recuerdo que recién llegado a la ciudad, por obra y gracia de mi hermano, terminé en el Palacio de los Deportes escuchando a Weezer). Ese año, México entró oficialmente al circuito de conciertos del rock y la música indie (sí, había habido ya conciertos antes, pero nunca tan seguidos y tan buenos como a partir de 2005). Y tocó Interpol. De hecho, el concierto al que fui estaba programado para ser en el Word Trade Center pero terminó siendo en el Palacio de los Deportes porque en el primer concierto casi se cae el piso del lugar por la cantidad de gente y la  brincadera. Recuerdo la imagen, moviendome como si estuviera hipnotizado, escuchando Evil y mirando a la banda sin creer del todo que estaba pasando (quién haya vivido como yo la oscura noche de los conciertos en México, cuando no venía nadie a tocar, me entenderá). A partir de esa ocasión, he visto a Interpol como tres veces (la última muy a fuerza y de lejos en el Corona Capital del año pasado) y debo admitir que, ahorita, la perspectiva de verlos en vivo me provoca una güeva infinita. Pero en aquel 2005 (qué lejano se escucha eso) de verdad me causó mucha emoción.

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