Clásicos de verdad: Henryk Górecki y Arvo Pärt.

Este post es quizá el más alejado de lo que ha sido el blog hasta ahora. Y les aviso desde ahorita: la cosa va de música clásica. De entrada, y por una cuestión de afinidades musicales y por lo distinto del asunto, se trata de dos discos y no de uno sólo (en la cuenta, de manera totalmente tramposa, contará sólo como un disco) y por primera vez no estaremos hablando de música escrita en cuatro cuartos ni de guitarrazos y baterías cadenciosas.

Estos son los dos discos de música clásica con los que más clavado he estado en la vida y, curiosamente, guardan muchas similitudes entre sí. Ambos están hechos por compositores que nacieron en el antiguo bloque soviético y tienen una profunda relación con la música sacra europea. Ambos compositores son de los músicos más influyentes de la última década del siglo pasado. Ambos refieren a obras que nacieron el mismo año en que yo nací y que, más allá de eso, han logrado conmoverme casi hasta las lágrimas.

El primero es la Tercera Sinfonía de Górecki (se pronuncia goreski, por si a alguien le interesa), particularmente la versión que grabó la London Sinfonieta, dirigida por David Zinman, con la soprano estadounidense Dawn Upshaw (quién de alguna forma tenía la voz perfecta para esta obra). Henryk Górecki nació en Polonia en 1933 y a pesar de haber vivido los momentos más rudos del comunismo, mantuvo un profundo catolicismo que lo llevó a la creación de obras de una espiritualidad intensa. La tercera sinfonía la escribió en 1976, un par de meses después de la primera vez que yo abrí los ojos y pude ver la luz del sol.

Evidentemente, la descubrí mucho tiempo después, en casa de quien en aquél entonces era uno de mis mejores amigos y que, como suele suceder cuando la vida te va llevando por distintos lados, ahora apenas veo. En nuestra primera adolescencia, yo solía ir a casa de este güey y nos juntábamos, esencialmente, a fumar y a escuchar discos de Hard Rock: Guns N’Roses, Skid Row (hijoles, ¡cuántas veces escuchamos los dos primeros discos de Skid Row! Ignoro si hayan hecho más, pero con lo que publicaron hicieron el daño suficiente). Su padre hacía estas reuniones llamadas “audiciones” en las que se juntaba con otros amigos suyos a un ritual muy similar al que teníamos nosotros, sólo que ellos fumaban, tomaban whiskie, escuchaban música clásica y luego discutían sobre los autores. Un día, mi amigo y yo no pudimos escuchar nuestros discos de metal porque había audición en su casa y la obra que escucharon fue, justamente, la tercera sinfonía de Górecki.

Recuerdo que me impactó, y pedí las referencias del disco. No lo compré hasta muchos años después. Es una cosa impresionante. El primer movimiento es Lento – Sostenuto Tranquilo ma Cantabile y es larguísimo (dura casi 27 minutos). Al principio no oyes nada, y poco a poco vas notando los contrabajos siguiendo una melodía profunda y triste. Luego, en canon, se unen los chelos y las violas y poco a poco la melodía se va entrevarando en sí misma, hasta que la aparición de los violines la hace sonar como una explosión. Y así como fueron apareciendo, los instrumentos comienzan a callarse hasta que al final sólo se oyen los violines como un gran lamento. Luego viene una pausa que da pie a la aparición de un piano que toca una sola nota. Y entonces ella empieza a cantar. La letra es una especie de poema atribuido a la Virgen María en el siglo XV en la que ella se entristece por la inminente muerte de Jesús Cristo, pero es aplicable esencialmente a cualquier madre que pierde a un hijo.

El segundo movimiento también se mueve despacito, y su tiempo pausado suena más esperanzador y hasta relajante. Incluso la voz de la soprano te hace pensar en… bueno, en un chorro de cosas. Aquí la letra es una plegaria escrita por una mujer polaca que estaba encarcelada y que decía, de manera contundente “Mamá, no llores, no” para luego soltarse con una petición de auxilio a la “Inmaculada Reina de los Cielos”. Y el tercer movimiento es terriblemente conmovedor, con el sonido de los chelos balanceándose con ansiedad sobre la línea continua que tejen los violines. Y la voz de esta mujer, nuevamente con el lamento de la madre que busca a su hijo y no puede hallarlo.

La obra fue muy famosa al cierre del siglo pasado. Y grandes músicos y críticos señalaron que su valor artístico no se comparaba con su éxito comercial. Yo, la mera verdad, creo que estaba celosos. El punto es que me clavé, una vez recuerdo que perdí el disco y no lo encotré de nuevo, compré otra versión, la de la Sinfonieta de Cracovia, pero no era lo mismo y lo busqué y lo busquñe hasta que pude comprarlo otra vez. Y es una de las obras de música que más me gustan en al vida, pero que nunca he escuchado acompañado. Bueno, una vez en la Sala Nezahualcoyotl, yo fui sólo pero terminé topandome con amigos ahí que nunca pensé que les gustara la tercera. Aquí les dejo una probadita con esta versión del segundo movimiento (la soprano no le hace nada de justicia a la versión de Upshawn, pero ps la iglesia está padre y es lo que hay).

El segundo disco lo descubrí gracias a De Swaan, y es del compositor de Estonia (¿Estoniano?) Arvo Part. Un día, la primera vez que trabajé con él, pasaba por su oficina y escuché esta cosa minimalista pero terriblemente expresiva que salía del aparato de sonido que solía poner a todo volumen para que nadie a su alrededor se lo perdiera. Entré, así como en tienda de discos, y le pregunté qué era. Poco después de lo regaló para mi cumpleaños.

Arvo Párt es heredero de la música sacra y un firme militante del movimiento minimalista. Ha escrito mucha música coral y música sinfónica (de hecho, hace un par de años estrenó esta sinfonía llamada Los Ángeles, en honor a la capital del cine, así como Mozart le puso Praga a su sinfonía No. 38, sinfonía que, lo que sea de cada quien, está bien loca, así como para uno de los momentos raros de esta peli de Lynch Mullholland Drive).

Pero, a pesar de que hay cosas que me gustan mucho de él, me quedo con este primer disco que escuche: Alina. De hecho, el disco mezcla dos obras que son, Fur Alina y Spiegel im Spiegel, y que hacen una simbiosis muy interesante. Fur Alina es una obra que Part tocó por primera vez en 1976, un mes antes de que yo naciera. La obra es simple, es precisa, es perfecta. Después de escuchar los primeros dos minutos uno no puede estar en otra situación que no sea la de melancolía absoluta. Un piano y un chelo dialogando casi sin quererlo. Las notas cayendo lentas como gotas de agua. Y los silencios, los malditos silencios.

Este es un disco al que regreso mucho. De alguna forma me trae paz cuando la cosas se pone muy densa en la vida. Pero creo que, ahora sí, difícilmente podría explicarlo con palabras, así que mejor se los dejo para que lo escuchen.

Y por ahí, como bonus, les dejo una entrevista que le hace Björk a Arvo Pärt, muy curiosa porque los dos tienen un inglés de acento raro.

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