I got a nasty habit called rock and roll: The sounds “Living in America”

Por ahí de 2002 – 2003 tomé una de las decisiones más importantes que he tomado en mi vida. Estaba en una fiesta (quizá es demasiado decir fiesta, era una reunión cacahuatera) y sonaba Peter Gabriel. Uno de los asistentes comenzó a lloriquear, cantando la canción a todo volumen, y luego soltó un discurso entrecortado por su intoxicación etílica y el sentimiento que lo había invadido por la canción de “El maestro” (sí, hay banda que así le dice), en el que decía que no había músico más grande en el mundo. Después de eso, sonó una canción de Queen, y el susodicho comenzó a hacer un pasito como de Freddy Mercury, mientras cantaba “anodedandan dedosta, anodedandan dedosta”, luego nuestro amigo puntualizó que Mercury era un genio, uno de los pocos, que qué lástima que era joto, pero un genio. Al final, cansado y extasiado, se sentó en un sillón y gritó para quien quisiera oírlo que ya nadie hacía buena música y que todo lo bueno era de tiempos anteriores. Después de semejante espectáculo, juré que nunca, nunca, nunca iba yo a ser como él. No me arrepiento.

A partir de ese momento, comencé a hacer un esfuerzo por mantenerme actualizado, por escuchar y buscar cosas nuevas de manera constante. Me daba miedo pensar que existían estaciones de radio como Universal Estéreo o El Fonógrafo, en las que los locutores nunca más en su vida iban a decir “… y esta canción es un estreno”. Así, buscándole y con el apoyo de mi hermano que aún vivía su juventud y me decía que dejara de escuchar canciones de abuelito, y que además pasó una temporada en Noruega y se empapó de música escandinava, llegué a The Sounds.

Son un grupo sueco, y aquí quiero hacer un paréntesis nada más para señalar que los suecos están haciendo muy buena música. Por lo menos la hicieron en la década pasada. Peter Bjorn and John, The Hives, los Teddy Bears, The Radio Dept., Lykke Li y, sobre todo, The Knife, son buenos ejemplos de esto que digo. The Sounds pertenece a esta generación de grupos.

Una cosa peculiar de esta banda, es que no es nada extraordinario. No hacen cosas experimentales, ni mezclan géneros, ni han cambiado la historia de la música. Hacen rock pop con un chorro de guitarrazos, canta una güera (y pocas cosas más sexys en el mundo que una chica cantando rock) y su música sirve para prenderse y para divertirse. Y a mí me gusta; me gusta mucho. De hecho, las grandes publicaciones de rock, sobre todo las más mamonas como Pitchfork y la New Musical Express no los pelan mucho, pero ¡ah! cuántas horas de diversión me han generado. Una cosa más: a veces me ha tocado poner música, la mayor parte de las veces en fiestas de amigos, algunas veces en bares, y algo que he notado es que siempre, cuando pongo una canción de estos tipos, las chicas bailan, los muchachos sonríen y un par de personas se acercan a preguntar ¿oye, quién toca esto?

De hecho, creo que hubieran podido ser muy famosos en México. Un amigo que ha vivido gracias a la música por mucho tiempo me contó que el día que le presentó a The Sounds al programador de la estación de radio que decide lo que se escucha en la ciudad,  el muchacho con total pendantería le dijo, “mmmh, si, pero no lo voy a poner”. Y no lo puso. A pesar de eso, cada vez que vienen hay una buena cantidad de gente que  los conoce y se emociona con ellos

El caso es que están anclados en el glam, la guitarra bien distorsionada y machina es una presencia constante, hay teclados que recuerdan a los ochenta y la actitud sexosa de Maja Ivarsson (quién es bisexual y ha dado muestras constantes de su amor por las chicas) cierra el círculo de manera perfecta. Su primer disco se llama “Living in America”, ese es también el nombre del primer sencillo, que es por el que los conocí. Y la letra, la verdad, es que como que no tiene mucho sentido, hablar de estrellas porno adolescentes y de que no están viviendo en América. Pretty mucho, pero hijos, qué poderosa es y mucho más con el video y el marchadito de la mujer esta Maja.

Rock & Roll es una belleza. Es cachonda, es rítmica y siempre que alguien la escucha porque la suelta el shuffle del Ipod se pone a mover el piecito y me pide que se la pase. Y lo increíble es que logre eso con total sencillez. El bajo, el xilófono, y la mujer ésta cantando retadora “something sweet or something strong, seems like love no longer can turn me on, like boy meet girl and girl need boy, I got a nasty habit called rock & roll”. Toda una declaración.

Y finalmente les dejo Seven Days a Week, que suena, justamente como a la declaración de amor que quisiera que me hicieran. Rockeando y si mayor complicación.

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