In my life: The Beatles “Rubber Soul”

Bueno, pues llegamos al año 2000 y apenas en este momento aparece el primer disco de los Beatles. Claramente no es porque no los hubiera escuchado antes. Tampoco es porque, como mucha gente que conozco, piense que son un grupo que está sobrevaluado, que fue más el ruido que hicieron alrededor de ellos que so contribución a la música, que su música la pudo haber hecho cualquiera.

De hecho, creo que es momento de hacer un statement. Los Beatles son los papás de todo. Así de fácil. No sólo le quitaron el Roll al Rock, Chuck Berry, Bily Halley y el propio Elvis Presley. Ellos inventaron el pop. Ellos fueron los primeros en experimentar con instrumentos y sonidos que venían de otros lares. Ellos inventaron la industria de la música tal y como la conocimos hasta hace algunos años (antes de la llegada de los medios digitales, que han democratizado el asunto). Ellos nos dejaron una enorme cantidad de canciones entrañables, memorables, melancólicas, rockeras, divertidas. En ellos está el alfa y el omega. Si tuviéramos frente a nosotros el árbol genealógico del rock y el pop, habría unas raíces fuertes formadas por los negros que hacían blues y rock and roll, en las ramas encontraríamos todo lo que hemos escuchado, desde el metal hasta el progresivo; los Beatles serían como el tronco que da vida al árbol. Así de fácil.

Habiendo dicho lo anterior ¿cómo es que la clavadez con un disco específico llegó tan tarde? La explicación tiene dos vertientes.

Por un lado está el principio básico de que no compro piratería. Más allá de mi compromiso ñoño con la legalidad y esas cosas, creo que la música de hecho salva vidas (en su novela “El amor dura tres años”, Frederic Beigbeder se pregunta en un momento por cuántas vidas habrá salvado Mozart, multipliquemos eso por el número de bandas que existe en el planeta). Hay mucha gente que ha superado depresiones y males de amores gracias a la música; para quienes no hemos llegado a tales extremos, hay canciones que nos han generado horas y horas interminables de tranquilidad, diversión o azote. Lo menos que podemos hacer es pagarle al creador de la música que nos ha hecho tan felices y no a un muchacho de Tepito que probablemente tenga otras actividades.

Por otro lado está el asunto de que no me alcanzaba para comprar mis discos, y los de los Beatles siempre han sido caros.

De esta forma, por muchos años me tuve que conformar con los discos azul y rojo, compilaciones de las mejores canciones que hicieron entre 1962 y 1966 y entre 1967 y 1970, respectivamente. Son discos buenísimos, puro trancazo, pero de entrada son compilaciones por lo que no califican para entrar en esta lista y pues la verdad, aunque uno crea que es suficiente con esto, resulta que los Beatles son mucho más grandes. Por ahí de 1998 había decidido que me compraría todos los discos de los Beatles pasara lo que pasara, así que de a poquito empecé a hacerme de mi colección. Así llegué al Rubber Soul, mi disco favorito del Cuarteto de Liverpool (no pude evitar decir la frase de Universal Estéreo).

Para cuando John, Paul, George y Ringo (otra vez sonando a estación de viejitos) grabaron el Rubber Soul ya habían pasado por muchas cosas. Ya habían conocido a Bob Dylan y éste ya les había dado a fumar su primer porrito allá en Nueva York. Ya habían jugueteado lo suficiente con la música y ahora querían hacer algo más. Ya habían conocido lo genial que puede llegar a ser la música folk gringa. Su dentista de ellos ya les había echado LSD en el café y ya le habían encontrado el gusto a la onda de la exploración subconsciente y tal. También, ya habían tocado el mítico concierto en el Shea Stadium de Nueva York ante casi 60 mil personas. Y cómo resultado, hicieron un disco terriblemente maduro.

Rubber Soul ya no es divertido e inocente, como habían sido los primeros 5 discos. Tampoco es sofisticado y ácido como el Revolver que vendría después, y tampoco es francamente pacheco, como el Sgt. Pepper. Tiene la combinación precisa de juventud y experiencia. Y yo pasé el año 2000 oyéndolo una y otra y otra vez.

El disco abre con Drive my car que todavía trae esta reminiscencia juguetona de los discos anteriores y que te puede poner de buen humor hasta en la mañana más nublada. Y luego todo empieza a oscurecerse. Norwegian Wood empieza con este sonido de cítara, primer gran experimentación instrumenta de los Fav Four (ahora soné como a ruquito gringo) y “when I awoke I was alone, this bird had flown”.

You wont see y Think for Yoruself suenan a los 70, pero fueron hechas 5 años antes de que comenzara la década. Nowhere Man, por su parte, que venía en el disco rojo que si tuve en mi primera juventud, satisfizo durante mucho tiempo mis afanes adolescentes de “yo si ve lo verdad y tú no la ves porque te compró el sistema”. What goes on suena tan country. Y el country suena taaaan bien. Y wait podría ser el himno de cualquier bandita indie de las que pulularon en la década pasada.

Vienen las menciones especiales. Michelle es una canción para estar enamorado y si no, para correr a enamorarse en ese preciso momento. Parsimoniosa, sencilla, melódica, con los coritos, las frases en francés y el I Love You, I Love You, I Love You. Un cigarrito, un café y una tarde de verano.

I’m looking through You trae estas armonias geniales que suenan sobre la guitarra acústica y el ruidito de tac, tac, tac que seguro puso ahí George Martin (el productor que terminó de hacer geniales a los Beatles). La canción parece alegre, pero es engañosa. Si uno pone atención a la letra se va a encontrar este asunto tan común de la extrañeza después de que llevas un rato con alguien y de repente la cosa ya no es como era antes y, aunque nadie dice nada, la cosa va derechito al fracaso.

Girl es redonda, con su historia de la chica que llegó para quedarse y que uno no supo valorar y que se fue, y luego la letra rara de que uno tiene que chingarse trabajando para ganar un día de descanso, pero sobre todo John Lennon haciendo ese sonidito como de chiflar para adentro, como de albañil que mira a una chica guapa pasando.

Y viene In My Life. Perfecta. Melancólica. Sincera, como en esos momentos cuando estás con tu chica y ella sólo te ve con desconfianza porque piensa que tú no la quieres y de tu corazón sale un “tú eres lo único que existe” que habías querido decir toda la vida. La letra precisa. Y luego el clavicordio en medio, el maldito clavicordio que hace que no puedas dejar de escuchar la canción, que la repitas y que cada vez que aparece el maldito sonido ese sueltes una lágrima que sale de quien sabe dónde.

No se diga más y vayamos a la música. Se quedan con In My Life y I’m Looking Through you.

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2 respuestas a In my life: The Beatles “Rubber Soul”

  1. Mi estimado Manlio:
    Que descripción tan “barbara”, como dirían los ches, debo admitir que la música de los genios de Liverpool, no solo recuerdan mi pasado, sino que también afirman mi presente y dibujas un esbozo de lo que sera mi futuro. Los conocí desde el vientre materno, mi padre y mis tío la ponían a todas horas, y cuenta la leyenda que brincaba, en la panza maternal, en cuanto empezaba la música de los beatles. En la adolescencia marco mis gustos musicales, acompaño y desarrollo mi creatividad (poquita pero tengo). Ahora me sirve para viajar a lugares, que nunca habría imaginado, que existen en mi cabeza. Es como fumarse un porro pero sin perder neuronas. Un abrazo.

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