Internet, Napster y el fin de la brecha musical: Massive Attack “Protection”

Quiero explicarlo otra vez. Hubo un tiempo en que la única forma de actualizarse en música en este país era a través de un amigo que tenía un amigo que viajó a Londres, a Los Ángeles o a Nueva York y trajo un chorro de discos y nos hizo el favor de hacernos un casette. Hubo un tiempo en lo que todo estaba controlado por las disqueras, la tele o las estaciones de radio que decidían, muchas veces con muy poco tino, que es lo que escuchábamos y que es lo que no. Hubo un tiempo en los que los discos más interesantes tardaban muchos años en llegar a los anaqueles de las tiendas, eran escasos y además de todo costaban carísimos, por lo que pasaba más tiempo en los que uno juntaba el dinero para comprar lo que quería. Hubo un tiempo en el que los mexicanos estábamos destinados a ir tres o cuatro años atrás que el resto del mundo.

El Internet, Napster y una nueva vida.

Así viví mucho tiempo y creo que el disco que marca el verdadero cambio en mi vida es el Protection de Massive Attack. Esto es porque este es el primer disco que  bajé enterito de Napster. Aquí es conveniente una segunda explicación. En México, mi generación (esos que tenemos hoy entre 30 y 38 años) fuimos la primera verdadera generación relacionada con las computadoras y el internet. En la prepa todavía me tocó hacer trabajos en máquina de escribir, de hecho, mis primeros intentos literarios se hicieron en esa vieja Olivetti de plástico que creo que debe seguir ahí en casa de mis papás. Durante un tiempo tuve una Commodore 64 que en realidad sólo sirvió como consola de videojuegos.

Luego entré a la universidad, en donde tenían una serie de computadoras para prestar a los alumnos que no nos alcanzaba para tener una en casa. Entre ellas estaban estas con pantalla monocromática que tenían esta cosa rarísima llamada internet y que servían para enviar y recibir, dios santísimo, correos electrónicos. Quienes no lo vivieron no tienen idea del shock cultural que esto significó.  Hay generaciones más grandes que han tenido más tiempo para acomodarse a los cambios y que en realidad no le han entrado mucho, hay generaciones más jóvenes que ya nacieron con esto en la mesa y sólo era cuestión de entrarle. Nosotros lo vimos y lo asimilamos. Fuerte.

Luego todo empezó a pasar muy rápido. Nacieron los correos electrónicos con interfaces mucho más amigables como Hotmail y Yahoo, hubo relaciones a larga distancia (como una en la que yo me metí) que comenzaron a depender del correo nuestro de cada día, las páginas de internet se fueron llenando de colores con fotos y así. La gente empezó a comprar computadoras y, a pesar de Carlos Slim, a tener internet en sus casas. Vinieron los mensajeros instantáneos como el ICQ que fue el rey durante unos meses y luego desapareció, casi como los mayas. Y un día apareció Napster.

Este era el primer servicio que permitía el intercambio de archivos de usuario a usuario y funcionaba muy fácil. Tu buscabas el nombre de una canción y si alguien más que estuviera conectado a Napster la tenía, podías bajarla directo desde su computadora, sin costo y, parecía entonces, era legal. La industria de la música tardó mucho en darse cuenta del potencial de esto, pero esa historia ya será material para otro post.

Massive Attack, Trip Hop y la calentura.

El caso es que de a poquito, canción por canción, en un proceso que duró un par de días, fui bajando el Protection de Massive Attack. Una por una fui escuchando las canciones del disco, Trip Hop clásico y contundente. Escucharlo era hipnótico. Las canciones se movían despacio, como en un universo distinto al nuestro, más lento y oscuro, y al mismo tiempo lleno de esta especie de energía contenida que siempre amenaza con hacer explosión.

La primera canción, la que daba nombre al disco, nacía con una batería tímida que pronto agarraba valor para generar un ritmo cadencioso y al mismo tiempo cachondo y relajante, dependiendo del mood. Después venía este teclado como con flanger (efecto que ya expliqué en un post anterior) y la guitarra con Wah Wah (un efecto que, como su nombre lo indica, hace que la guitarra suene como a Wuah), que servían como preludio a la entrada de la voz de Tracey Thorn, la cantante de Everything But The Girl que colaboró en este disco. Era –y es—imposible no sentirse conmovido por los tonos pausados, y no tener ganas de abrazar a la chica desamparada cuando Thorn cantaba “This girl I know needs some shelter, she don’t believe anyone can help her” e incluso sentirse hasta un poco culpable cuando decía “I know you want to live yourself, but could you forgive yourself, If you left her just the way, you found her”.

Despues venía Karmacomma, una canción anclada en el dub (una versión electrónica, remasterizada y más pacheca del reggae). Pura sensualidad, pura invitación a bailar pegadito y embarrado, medio adormilado y medio entusiasmado por el ron, con agarrada de nalga, besito ocasional y otro trago directo a la botella en un departamento desordenado. “You sure you want to be with me? I’ve nothing to give” canta Tricky mientras el baile continua y se intensifica. “Deflowering my baby, aiyee my baby me, I must be crazy”. La voz, casi como en una caricatura, entra por un oído sale por el otro trazando una línea que luego llega hasta el oído de la mujer que baila contigo y baja hasta las caderas que se mueven acompasadas con las tuyas. “I drink on a daily basis, though it subtle cools my temper, It never cools my temper” sigue Tricky. Karmacoma, jamaica’ aroma.

Siguiendo a este inicio explosivo venía una serie de canciones impresionantes, muchas inquietantes como Three o Spying Glass que tenían estos ruidos desconcertantes, casi como si estuviera uno en una casa abandonada y muy grande de esas de las películas de terror gringas, y que de cierta forma pre configuraban lo que años después estarían haciendo los suecos de The Knife (una de las grandes bandas que nació en la década pasada). O Eurochild, emparejada con Karmacoma pero con más estamina, más violencia y menos cachondería, justo como a lo que sonarían los pasos de Neo en Matrix en una ficticia Nueva York (no salió en el soundtrack, pero pudo haber sido). En resumen, 10 canciones poderosas, intensas, llenas de feromonas agresivas, de sudor y de viajes al interior de uno.

Escuchar lo que pasa en el mundo.

Más allá de la importancia del disco per se, quiero terminar recordando lo que significó para mí en aquél 1999. Llegué tarde a Protection que había salido un par de años antes, pero me encantó. Cuando terminé de oírlo supe que quería más y, a diferencia de lo que hubiera sucedido antes, no tuve que esperar para comprar su siguiente disco, no importaba si no estaba en las tiendas o no, siquiera si existía en el país o si costaba mil pesos porque era importado y sólo habían traído uno. Lo busqué en Napster y lo bajé. Y luego me puse a investigar otros grupos parecidos (o lo que algunas páginas de internet decían que era parecido) y llegué a Tricky y lo bajé, y llegué a Portishead y lo bajé y me encantó. Y así me seguí y eso mismo pasó con mucha gente que conozco. De repente, gracias al internet y a Napster, la brecha se cerró de un solo tajo y los mexicanos estábamos escuchando lo que se escuchaba en todo el mundo.  Eso, en serio cambió mi vida.

Videos.

Los dejo con Protection y el video Karmacoma.  

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