Este changuito se va al cielo: Pixies “Doolittle”

A ver, señores, esta confesión es fuerte. Era por ahí de 1997 yo tenía 21 años y no conocía a Pixies. Así de fácil. Lo más cabrón de todo es que, la gente que sabe de esto no me dejará mentir, alrededor de este grupo nacido en Boston hay un asunto sectario super fuerte. Quienes conocieron al grupo desde su primera juventud le tienen una devoción infinita, aman a Black Francis, idolatran a Kim Deal, sienten un cariño leal y sincero por Dave Lovering e incluso, yo conozco por lo menos a una chica, se tocaban pensando en Joey Santiago.

Bueno, decir que yo no conocía a Pixies es una exageración. Sí, si los había escuchado pero en realidad no les había puesto demasiada atención. Me gustaba Where is my mind? (afortunadamente antes de que saliera en el soundtrack de The Fight Club, para que no me cuelguen los más fans). Me gustaba mucho Here comes your man, había escuchado con extrañeza Is she weird? y había sonreído porque me pareció un bonito gesto que hicieran un cover a Head On de The Jesus and Mary Chain, que es para mí, por mucho, una de las mejores canciones de la historia de la vida del mundo.

Sí conocía a Pixies pero el punto es que yo tenía 21 años y no pertenecía a la secta de sus seguidores (y me gustaba Peter Gabriel, neta ¡no mamaaaaar! No entiendo como fue que reencontré el camino). Esto no hubiera sido un problema de no ser porque algunos de mis amigos más entrañables si pertenecían. Maira y Juan, por ejemplo. Ellos eran muy fans.

La situación era, muchas veces, angustiante. Por ejemplo: afuera de la universidad a la que íbamos (un tecnológico fresa a donde van los hijos de políticos, los que quieren juntarse con ellos y algunso geeks) había un depósito de cerveza cuyos dueños nos dejaban entrar para beber en el patiecito que tenían adentro, ahí adentro ellos podían pasar horas hablando de los Pixies y, cuando eso sucedía, yo entraba en una especie de autismo, me quedaba callado, asintiendo sin hablar, tomando mi cerveza y sonriendo sin saber bien a bien por qué.

De hecho, una vez, en un “Encuentro musical” (evento en el que las autoridades del tecnológico te dejaban subir al escenario del Auditorio a hacer el ridículo, siempre y cuando no rockearas muy duro) yo toqué con una banda que tenía en aquellos días y Maira y Juan improvisaron algo para tocar ahí. Primero tocaron Where is my mind?  Y la neta ahí me di cuenta de que Maira no cantaba tan chido cómo nos había presumido y después de eso tocaron Just Like Heaven y ahí sí me subí a ayudarle a cantar porque de The Cure sí era yo muy fan. Ora si que si le quieren partir la madre a la de Pixies, muy su bronca, pero la de Robert Smith sí me la respetan.

 Y no sólo ellos. Incluso gente que conocí mucho después Luciano y Rodrigo, por ejemplo, que se cuentan entre mis amigos más cercanos también pertenecían a la secta desde aquellos noventas.

Así las cosas, un día de 1998 decidí arreglar la situación y entre varios discos que compré estaba el Doolittle. Por mucho tiempo me dediqué a escucharlo casi como si fuera mi tarea. Una y otra vez. Yo estaba en mi etapa Punk, así que el disco entró suavecito. Por momentos, con canciones como Tame donde Francis se avienta unos gritos así como de marrano en el matadero o el inicio medio reagge medio canción de circo de Mr. Grieves, sí me sacaba de onda.

Pero hay aquí cosas que si me enamoraron muy cabrón. Más allá de Monkey is Going to Heaven y Here Comes Your Man está el inicio sicodélico de La La Love You y su chiflidito de albañil en medio. Debaser es también una cosa espectacular, con la línea de bajo precisa y la guitarra toda melodiosa que de repente son interrumpidas por el grito desgañitado de Francis. Y, carajo, Wave of Mutilation, que son dos minutos exactos de rock puro y contundente, no era necesario nada más.

Aprovecho para hacer un comercial descarado. Otro motivo por el que este disco me es especialmente entrañable es porque gracias a él estoy a punto de convertirme en un autor publicado, es decir, en un libro de esos que se venden en librerías y tal. En las próximas semanas se va a publicar una antología de cuento bajo el título de “Nos vemos a la salida” donde se publica un cuentito mío que lleva por nombre, justamente, Here Comes Your Man y que transcurre, por supuesto, en un concierto de Pixies.

En fin, nunca me convertí en un miembro de la secta con pleno derecho, pero el grupo sí que me gusta. El año pasado pude brincar como desesperado con Maira y Juan y con María Fernanda y Beriana y Alejandra y Arturo escuchando a Pixies en el Metropolitan (en la foto Beriana, Black Francis de frente y Maira de espaldas).

Y pues ya como sea el Doolittle y yo hemos construido un relación que ya está más allá de sectas o lo que sea. Los dejo pues con Here Comes Your Man, tocada cuando estaban chavitos y Wave of Mutilation  ya ahora que han perdido más el pelo y que Kim Deal se parece como a Maricarmen Cortés. Como plus, el cover que Pixies hizo a Head On.

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3 respuestas a Este changuito se va al cielo: Pixies “Doolittle”

  1. David Arellano dijo:

    Chido tu coto. Avisa cuando salga tu cuento. Felicidades desde ya.

  2. Cristian G. dijo:

    De lujo el articulo, muy personal, que buen blog hombre (te llevo ventaja tengo 16 y ya tengo Doolittle en el IPod, no dejo de escuchar debaser).

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