Todos somos Ramones: The Ramones “Ramones”

El punk me pegó duro. El primer síntoma de que había sido inoculado con el virus del punk fue la necesidad de más, así como pasa con las drogas duras.

Después de The Clash escuché mucho y muy variado. Por mis oídos pasaron las bandas que hacían punk en los 90 como The Offspring, NOFX, Bad Religion, The Mighty Mighty Bostons y Sleater-Kinney (todos gringos). Y me fui más para atrás con los más grandes, bandas buenísimas como The Buzzcocks (Inglaterra), The Undertones (Irlanda del Norte),  The Stooges (Estados Unidos, la banda de Iggy Pop) y, por supuesto, los Sex Pistols. Pero si he de escoger, creo que me quedo con los papás de todos, y esos son los Ramones.

Ellos son la definición del punk y tienen un chorro de cosas que los hacen entrañables, como el hecho de que todos, quizá con la única excepción del primer baterista Tommy Ramone, eran unos completos desadaptados sociales y estaban destinados a vivir en las calles entregados a la perdición. De hecho, de cierta forma eso fue lo que pasó porque a pesar de todo lo que significaron en la historia de la música, siempre fueron esa banda que estuvo a punto de despegar, a punto de vender millones de discos, a punto de llenar estadios. Estuvieron a punto, pero no lo hicieron. Algo injusto para una banda que tantos otros grupos desde los 70 hasta nuestros días llaman “papá”.

Son entrañables porque todos los que pasaron por la banda, adoptaron el apellido Ramone: Dee Dee Ramone, Johnny Ramone, Joey Ramone y Tommy Ramone (los primeros), Marky Ramone (que llegó a tocar la batería cuando Tommy dijo hasta aquí), Richie Ramone (que tocó 5 años con ellos pero que para mucha gente no es un Ramone), Elvis Ramone (Clem Burke, bateristas de Blondie que apenas estuvo algunas tocadas), C. J. Ramone. Y además, por alguna razón que no entiendo, su nombres suena bien, incluso en varios idiomas. Suena bien decir “de ramouns” en inglés, suena bien también decir Los Ramones, en español. Y en francés no sé bien pero ha de ser algo así como Lé Grgamooun y también suena padre.

Son entrañables porque Joey era muy de izquierda y Johnny muy de derecha. Joey Ramone, además, era un freak que logró forjarse una identidad, eterno adolescente con un cuerpo largo y desproporcionado, que antes de los Ramones estuvo a punto de acabar en un siquiátrico, que lo único que quería era conquistar a una chica fresa y que escribía canciones de amor a ritmo acelerado. La historia dice que cuando Joey consiguió a la novia fresa, llegó Johnny y se la bajó. Se odiaron por 21 años y aun así siguieron tocando juntos.

Son entrañables porque empezaron todo. Porque a pesar de que en su primer disco sólo tocaban tres acordes, hicieron un concierto en Londres que animó a Joe Strummer a continuar con The Clash e hizo que nacieran los Sex Pistols.

Y son entrañables porque son representantes de un Nueva York en el que me hubiera gustado vivir. Un Nueva York de música que nacía en las esquinas y de artistas que estaban cambiando al mundo en todos los ámbitos. Una ciudad que, además, recientemente hizo un homenaje a uno de sus hijos más raros al nombrar una cuadra de la East 2nd Street como Joey Ramone Place, después de que el cáncer lo matara.

Fue difícil escoger un disco. Podría haber sido el quinto, el que les produjo Phill Spector ya cuando de plano se había vuelto totalmente loco. Podría haber sido el Brain Drain, que trae Pet Semetey (mi preferida de ellos, pues). Pudo haber sido el Road to Ruin que trae las poderosas “I wanna be sedated” y “I just wanna have something to do”. Pero preferí el primero porque fue el primero que conocí, el que inició todo, el que se llama Ramones y el que publicaron en el año en que nací.

¿Qué se puede decir del disco? Quizá no mucho que no se haya dicho ya, sólo que escucharlo es como tener la oportunidad de escuchar el big bang. Canciones veloces, cortas y contundentes como Judy is a Punk. Estribillos memorables como el Hey, ho, Let’s Go de “Blitzkrieg Bop“. El romanticismo de Joey Ramone en “I wanna be your boyfriend” y la incredible “Beat on the Brat”.

Además, trae esta canción escrita por el bajista Dee Dee Ramone (que cualquiera que lo haya visto hablar en una entrevista puede dares cuenta de cuán dañado estaba el muchacho) que se llama “53rd & 3rd” en referencia a una calle donde se juntaban los muchachos a prostituirse en el Nueva York de los 70’s. En la canción, el protagonista se queja de que nadie lo recoge pero cuando pesca a un cliente, se engalla y lo mata para demostrar que es muy machín, según cuenta la leyenda, en realidad Dee Dee Ramone si se prostituía en esa calle porque sólo así podía costearse su adicción a la heroína. Fuerte.

 Los dejo con dos grandes canciones en vivo en los 80, el gran clásico “Blitzkrieg Bop” y Judy is a Punk. Pongan atención a la cara de Johnny Ramón (siempre en el extremo derecho de la banda, haciendo honor a su  filiación política) y la cara de enojo que nunca perdió. No sé, como que me identifico (y también con Joey Ramone y lo de la chica guapa).

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