¿Y si habrá vida en Marte, tú?: David Bowie “Hunky Dory”

Uno va descubriendo la música. Va caminando despacito, escucha un disco nuevo, escucha otro, va tirando del hilo y descubre que antes de su grupo favorito del momento, uno que aún no sabemos si pasará a la historia o si sólo será uno más de esos  que una vez vendió muchos discos y con el que luego no pasó nada, había otros y antes de esos otros y que muchos de ellos son, en verdad los más grandes de la historia.

Todos los que empezamos a tirar de ese hilo, de alguna u otra forma, terminamos llegando a los mismos lugares. Están, claro, Elvis, los Beatles, los Rolling Stones y Dylan, abuelos de muchas de las bandas que suenan ahora. En particular, creo que el origen directo de la mayoría de lo que yo escucho está en una persona, y esa persona es David Bowie.

La vida musical de Bowie es enorme, en todos los sentidos: implica varias décadas publicando música, implica años muy productivos con más de 20 discos, implica una creatividad sorprendente que lo ha hecho pasar por varios estilos musicales, muchas veces adelantándose a lo que todos estaríamos escuchando unos años más adelante, más como un visionario que como un trendsetter. Es decir, no es que porque Bowie lo tocara o le pusiera atención que lo escuchamos los demás, sino que Bowie sabía que eso estaríamos escuchando y por eso lo hacía.  

Bueno, en los noventas, ya estudiando la carreta y tal, después de mucho tiempo de estar clavado esencialmente con discos que estaban saliendo en el momento, vino un impulso que me hizo irme de regreso. Back to basics, le llaman. Bowie, en esos años, estaba sacando su disco Black Tie White Noise, se casaba con esta modelo negra Iman, y había participado en el concierto de homenaje a Freddy Mercury, concierto que pasaron en la tele, grabé en video, vi como enfermo durante casi un año y que me dejó marcado porque nunca había visto a tanto peso pesado en el mismo escenario (vamos, estuvieron en vivo hasta bandas ficticias como Spinal Tap). David Bowie tocó Heroes y Under Pressure con Annie Lennox haciendo la parte del difuntito bigotón y dientudo.

Pero más allá de lo que estuviera haciendo en el momento, debo admitir que a mí siempre me ha gustado más el primer Bowie, el de Space Oditty y Ziggy Stardust. De hecho, mi enamoramiento absoluto vino con el Hunky Dory y todo es culpa de una canción. Dejemos de lado la portada espantosa con David Bowie en su onda más andrógina y esta textura que de alguna forma recuerda a los pintores prerrafaelitas, y vamos a concentrarnos en que este disco trae la poderosisisisisisisisisisima Life on Mars?

Es una canción épica, con el piano que suena como a una obra de teatro en el Nueva York de los cincuentas en sintonía, al mismo tiempo, con la búsqueda setentera de un nuevo sonido del piano dentro del rock que traían desde Elton John, Queen o el Bruce Springsteen de Born to Run. Detrás, las cuerdas casi como si fuera música incidental en El Mago de Oz y la letra que, según yo, es un homenaje al cine y a otros tiempos, cuando ir a las salas de cine era un ritual que tenía menos que ver con las palomitas y más con la posibilidad de vivir una realidad alternativa. “Sailors fighting in the dance hall Oh man! Look at those cavemen go It’s the freakiest show”.

En Hunky Dory viene también Changes,  otra vez el piano acompañado por un saxofón discreto y preciso y esta letra sobre la necesidad de cambiar y la importancia de perderle el miedo al asunto. Oh, you pretty things  que trae esta onda juguetona y un corito pegajoso. Y Queen Bitch que descaradamente suena al Velvet Underground de Lou Reed (o sea, no el de Nico).

Quicksand  también merece una mención aparte. Guitarra y voz que comienzan sonando íntimas y la letra que habla de este hombre sobrecogido por la historia, los acontecimientos del mundo y sus propios pensamientos. “I’m sinking in the quicksand of my thoughts”, canta Bowie. Poco a poco aparecen el piano, el bajo, las cuerdas y la batería y la canción comienza a adquirir el tono épico que trate todo el disco. “And I ain’t got the power, anymore”.

Es un disco que debe escucharse una y otra y otra vez. Un disco que se produjo incluso antes de que yo naciera y que me dejó atrapado más de 20 años después. Los dejo, precisamente, con Life on Mars, en vivo y con Bowie bien metido en los ochentasy Quicksand. Un plus: Bowie y Annie Lennox cantando Under Pressure.

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