Quiero tu amor, y lo quiero ahorita: Everything But the Girl “Walking Wounded”

Cuando estudiaba la preparatoria existía un clivaje bastante claro (clivaje es, para los que estudiaron Ciencia Política, uno de esos temas que divide a la sociedad en dos: los que están a favor y los que están en contra; clivaje es, para los que vieron Seinfield, la división que existe entre los senos de las mujeres y que es visible gracias a la generosidad de algunos escotes). Bueno, regreso al tema.

Cuando estudiaba la preparatoria existía un clivaje bastante claro: escuchas rock o escuchas electrónico. Había guerras encarnizadas entre ambos bandos, esencialmente por ver quién era más popular y, desde la perspectiva mía y de algunos amigos, por ver cuál de los dos grupos tenía más mujeres entre sus integrantes. Yo, evidentemente, estaba en el grupo que escuchaba rock. No sólo eso, me vestía como algunos de mis músicos favoritos  —a veces como grungero a veces como dark, a veces, las menos afortunadamente, como alguno de los Magneto— y también tenía una banda con la tocaba música bien ruidosa (sobre todo porque no tenía dinero para comprar una buena distorsión y usaba la de mi amplificador, uno chiquito marca Ross, que a cierto volumen hacía que no se entendiera nada) gracias a la cual tuve mi primer beso con agarrón.

Yo estaba claramente en mi bando. Miraba con recelo a los que escuchaban música electrónica, con quienes el único punto real de encuentro era Depeche Mode, que no alcanzaba para hacernos amigos. Sin embargo, en secreto, me gustaban algunas de las cosas que escuchaban los electros. Recuerdo particularmente a un grupo llamado Cosmic Baby  que ahora que he escuchado nuevamente me parece que no estaba tan feo; recuerdo que también me gustaban los Pet Shop Boys, pero que por alguna razón extraña  cabían en mi clasificación de rock. 

Salí de la prepa, entré a la universidad y el mundo siguió su curso. Un día me topé en el radio con una canción que me dejó poco más que emocionado. La letra decía “I want your love, and I want it now”. No podía declarar mi emoción abiertamente, porque era evidente que sonaba a electrónico, aunque en realidad esa categoría ya sólo me importara a mí, porque mis nuevos amigos de la Universidad no habían pasado por mi prepa ni habían vivido esa historia que a mí sí me tocó y les valía madre si había guitarras o computadoras de por medio. Tampoco podía pregunta quién la cantaba y en ese entonces no había Shazam ni ningún otro artilugio que te ayudara a saber quién cantaba una canción. Si la oías en el radio y no había locutor y no la volvían a pasar, te chingabas y a ver si la suerte te la volvía a poner en el camino.

Afortunadamente la canción estaba de moda. Así supe que la tocaba Everything But The Girl. Compré el disco en secreto y me enamoré de él en secreto. A pesar de que David Bowie ya estaba haciendo esto que se llama Drum & Bass y que mi recelo con el electrónico iba cediendo, esto no sólo sonaba a computadora sino que sonaba meloso. Pero, carajo, no sólo me gustaba Before Today, la canción que me impactó la primera vez y que me sigue pareciendo una composición perfecta, como para una tarde lluviosa de sábado, con sus tecladitos iniciales como de atmósferas darkies, con su bajo y su batería que terminaban por sonar terriblemente cachondos, con su “I don’t want your attitude, I don’t want your things, I don’t wanna phone with never rings” y toda su letra que se resumen en “a mí me valen madres las mamadas que quieras decir o hacer, yo quiero tu amor y lo quiero ahorita”.

También estaba Wrong, una canción que era notoria y orgullosamente dance y que te hacía mover los piecitos nada más empezaba. Y Single, esta cosa que sí estaba clavada totalmente en este asunto de “chiquita, vente pa acá y flojita porque esto se va a poner bueno” con la voz de Tracey Thorn deslizando suavecita por tus oídos, como para que te enamoraras de ella aunque luego te desenamoraras al ver su notorio prognatismo.

En fin, está la juguetona “The Heart Remains a Child”, que trae esa frase contundente que todos nos hemos dicho alguna vez de “…maybe this is as good as it gets”. Flipside, que por alguna razón con su proto rap me sonaba muy neoyorkina, aunque yo no hubiera ido a Nueva York y estos Tracey Thorn y Ben Watt fueran ingleses, de Hull para ser más exacto.

En resumen, es un discazo y uno lo escucha otra vez y otra vez y no puede más que alegrarse por haberle abierto su corazón a algo que no fuera puro guitarrazo. Ahí me di cuenta de que esa diferencia entre oír rock o electrónica era una soberana idiotez; que uno oye música y si te gusta bien y si no pues a otra cosa. Creo que eso es ser maduro como escuchante. Después de esto vinieron muchas cosas más: desde New Order hasta Justice.         

Los dejo con una versión en vivo de Before Today francamente extraordinaria, con contrabajo y batería en vivo, y el video de Wrong.

 

 

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