Corazón obscuro, ojos tristes y días de ruptura: The Cure “Disintegration”.

Cuando escuché por primera vez Disintegration, de The Cure, claramente, estaba yo muy chavo. Vivía esa etapa que le permite a uno, de manera un poco esquizofrénica, pasar de la euforia del headbanging a la tristeza reflexiva casi de manera inmediata. Había pasado ya un par de meses escuchando a Bauhaus, Joy Division, Siouxie and the Banshees y al propio The Cure y un día desperté, me vi en el espejo con cara de tristeza y pensé, con algo de sorpresa: maaaaadres, soy dark.

Ya me gustaba vestirme de negro, pero empecé a hacerlo conscientemente, y también comencé a dejarme el pelo largo, sólo la parte de arriba. Poco me importó que mi pelo fuera muy chino y que eso hiciera que no me salieran picos como los de Robert Smith y que más bien se me hiciera una masa  amorfa empecinada en caer sobre mi frente. Afortunadamente, con un último resabio de lucidez decidí que pintarme la boca era un poquito demasiado (Roberth Smith con los labios pintados se ve chistoso, uno se ve… bueno, ustedes imagínense).

Como muchos de mi generación, mi primera aproximación a The Cure fue con el Standing on the Beach (Staring at the Sea, dependiendo si lo compraron en vinil o en cd), una recopilación de los primeros sencillos; grandes éxitos para foreverear en fiestas de esas que se hacían en los garages de tus amigos, con vaso rojo de plástico, whiskey tirado en el suelo y fajes a escondidas, como Boys Don’t Cry y Killing an Arab. Pero nada me había preparado para lo que estaba por escuchar…

Disintegration es oscuro. No es triste, pero sí es melancólico. Desde que uno ponía la aguja sobre los primeros surcos del disco sonaba la explosión de teclados que creaban atmósferas casi celestiales en Plainsong, una canción, literalmente, majestuosa. En este álbum, Robert Smith dejó de pretender que su depresión profunda se debía a algún conflicto existencial como los que aquejaban a Camus y, en sus letras, aceptó que su tristeza tenía que ver con el amor; esto terminó por hacer que yo cayera definitivamente. De repente, sólo con la música y con la letra, aparecían en tu cabeza imágenes muy vívidas, casi fotografías: “I think it’s dark and it looks like rain,” you said “And the wind is blowing like it’s the end of the world,” you said.  Esta es la línea que marca el disco: teclados que crean atmósferas cargadas, guitarras con mucho flanger (un efecto que hace como si el sonido lo trajera el viento atravesando un acantilado), letras que hablan de lluvia y de oscuridad, de enamoramientos obsesivos, y amores perdidos o a punto de romperse.

En la segunda canción uno se topaba con esa oda al extrañamiento que es “Pictures of you”, su tristeza acompasada, su invitación a cerrar los ojos y a pensar en una mujer casi etérea que se ha ido de tu vida y remembering you standing quiet in the rain as i ran to your heart to be near… Está Lullaby, la canción que acompaña uno de los mejores cuentos que haya escrito Maira Colín y en cuyo video Robert Smith está atrapado en una telaraña a punto de ser devorado por una especie de tarántula de utilería. Y está también Lovesong, una canción perfecta y, para mí, una de las mejores canciones que se hayan escrito en la historia.

Mi favorita, sin embargo, es la que da título al disco: el sonido de vidrio que se quiebra, la base rítmica monótona, las guitarras ácidas y frías, la voz de Roberth Smith que se va tornando poco a poco en un lamento, justamente como de Banshee, el piano sereno y resignado. ¿Alguna vez han sentido que todo en su vida es un desmadre? ¿Alguna vez han tenido esta sensación de que, no importa lo que hagan, todo se va a joder? Un día te levantas y sabes que tú trabajo te tiene harto, la relación con tu mujer se va rompiendo en cachitos y no puedes hacer absolutamente nada para evitarlo, estás cansado, frustrado y no ves forma de remediarlo.  Disintegration es la canción que me ha acompañado cada vez que me siento así, es la que me tranquiliza, me hace cerrar los ojos y aventarme de espaldas. Si el mundo se acaba, que se acabe, y que chingue a su madre lo que tenga que chingar a su madre.

“Songs about happiness murmured in dreams, when we both of us knew how the end always is…” Hoy ya no me visto de negro, pero sigo escuchando el Disintegration de vez en vez y estoy seguro de que así seguirá siendo. Los dejo con una versión en vivo de Disintegration y el video de Lullaby.

 

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4 respuestas a Corazón obscuro, ojos tristes y días de ruptura: The Cure “Disintegration”.

  1. maira dijo:

    Uy, me has hecho recordar un montón de cosas; sobre todo un viaje que hice con Ramiro a Malinalco. Ra, te quiero, life after life after life…

  2. Carlos Alvarez dijo:

    Ese disco también tuvo un fuerte impacto en mi vida mi buen Manlio, un saludo y felicidades por el blog, seguiré viendo esa lista!
    Carlos

  3. Oscar Villarreal dijo:

    Mi querido Manlio, eres un gran escritor y cronista del dolor humano. Yo pasé exactamente por ahí y sí, también es mi canción favorita de este disco. A veces el sonido de los vidrios quebrar me provocan piel de gallina y me hacen viajar a ese pasado donde todo era un desmadre sin solución, y a la vez me devuelve a este presente que en ocasiones me hace sentir igual, pero con veintitantos años más. Un abrazo.

  4. Patricia dijo:

    Wow!, han venido mil imagenes de mi pubertad.

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