Testosterona y hambre de destrucción: Guns N’ Roses “Appetite for Destruction”

Esta no fue la portada original. En un principio la portada traía a un robot violador y su víctima. Yo no pintaba para ser una persona de rock. No había forma. En casa de mis padres se oía cumbia, marimba y baladas de esas que tantos estragos hicieron en la juventud mexicana de los 80, de las que cantaba José José y eran escritas por un par de dipsómanos-adolescentesemocionales. No había primo que trajera discos de Estados Unidos ni tío pacheco que me enseñara a apreciar a Led Zeppelin. Nada.

Yo escuchaba pop en español de la peor calaña, de lo que se hacía en los ochenta y que hoy bailan en las bodas cuando quieren hacer el ridículo, pues. Y eso fue así hasta que un día me aburrí, lo que pasaban en la radio ya no me emocionaba, decidí cambiarle de estación y como por un milagro llegué a Rock 101, pero eso ya se los contaré en otra ocasión.

La verdadera epifanía vino cuando adquirí mi primer disco. Fue en una tienda del ISSSTE (ok, no puedo resistir la tentación de hablar de los triste que era comprar ahí: los pasillos sucios, las cajas de cereal abiertas y golpeadas, los estantes vacios y polvosos, la expectativa de que en cualquier momento podría saltar una rata para moderte, pero ps el papá de uno era burócrata y el descuento es el descuento; creo que secretamente siempre tuve envidia por mis primos que iban a hacer el super al Aurrerá, creo que por eso ahora compro en Superama).

Yo tenía 14 años y acompañé a mis padres a comprar la despensa. En la bolsa llevaba el dinero que había juntado de mis domingos y en la cabeza la firme convicción de que estaba dando un paso muy importante hacia la madurez. Lo vi en un estante que por alguna razón incomprensible tenía detergente en polvo desperdigado. La portada era una cruz sobre un fondo negro, con calaveras greñudas en medio y en las puntas. Para mí, que iba en escuela de padres, lo reunía todos: rock, blasfemia, pelo largo (y no se veían, pero seguro también mujeres y alcohol). No sabía quiénes eran ni qué tocaban, pero compré el álbum ante la perplejidad de mi madre.

Fue amor a primera oída. Cuando sonaron las notas iniciales de Welcome to the Jungle,la guitarra distorsionada y con delay (ya saben, el efecto que repite una nota cuando la tocas, así en la onda tan (tan, tan)) de Slash y la voz de Axl Rose como el aullido de un hombre lobo, me quedé inmóvil, con los ojos bien abiertos, viendo al estéreo como si de él fuera a salir un animal mitológico dispuesto a comerse todo a su paso. Luego fueParadise City, con sus guitarras al principio amables y el llamado para ir a esa ciudad donde el pasto es verde y la mujer es guapa (así, como en Coapa).

Pero el verdadero arrebato de amor vino con My Michelle. Una canción que tiene uno de los riffs más poderosos que haya escuchado en mi vida: nada de tibiezas, violencia pura liberada como cuando se rompe una presa. Una violencia que servía perfectamente para dar cauce al torrente de testosterona que comenzaba a invadirme cada vez con mayor insistencia. Todos los afanes destructivos de mi energía adolescente mal canalizada encontraban una correspondencia perfecta con los guitarrazos y la historia, terrible hay que decirlo, de Michelle.

Cuenta la leyenda que Axl Rose viajaba un día en el coche con su amiga Michelle y que comenzó a sonar en la radio Your Song de Elton John, ella perdió la mirada en la ventanilla y dijo suspirando “cómo me gustaría que alguien me escribiera una canción”. Entonces Axl Rose se puso a trabajar en esta obra donde nos habla, con muy poco pudor, de como el padre de Michelle comenzó a trabajar en películas porno después de que su mamá se murió por un pasón de heroína y de como la propia Michelle le entraba a la cocaína sin el más mínimo reparo. Puro romanticismo.

Y está todo lo demás, desde el viaje más suave de Sweet Child of  Mine hasta la locura acompasada de Rocket Queen. No he vuelto a escuchar ese disco en 10 o 15 años, no estoy seguro. Pero todo se quedó grabado en mi cabeza y, ahora que lo recuerdo, qué bueno que  fue así.

Aquí les dejo, justamente My Michelle, en una versión en vivo en 1988. La entrada es un poco larga, lo bueno empieza por ahí del minuto 1, pero qué buena versión, pura energía. Más abajo, ya con más producción, Paradise City en Tokio con un fragmento de Mother de Pink Floyd como introducción, Axl Rose vistiendo como si fuera a la Tour de France y miles de japoneses haciendo headbanging.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Hard Rock y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Testosterona y hambre de destrucción: Guns N’ Roses “Appetite for Destruction”

  1. Patricia dijo:

    Me gustó.

  2. maira dijo:

    Tú no eres persona de roooooooock, íralooooooooooooooo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s